sábado, 2 de octubre de 2010

Libro revela hallazgos arqueológicos en iglesia de Coro

Portada del Libro publicado por el IVIC


Arqueóloga Alberta Zucchi IVIC


Iglesia San Francisco de Coro en Falcón

Fuente: www.laranoticias.com Por Jesus Publicado: 28/09/2010 PRENSA IVIC
Una bala de plomo, siete tiestos de alfarería criolla, dos monedas de cobre de un centavo venezolano y norteamericano cada una, 37 huesos de ganado y humanos, una prótesis dental superior con todos sus dientes, ocho jarras de aceite, un botón de porcelana azul, dos cabos de pipas, un fragmento de concha marina, y 13 entierros individuales y múltiples.
Estos son algunos de los elementos y estructuras subterráneas halladas en el transcurso de las excavaciones realizadas en la Iglesia de San Francisco de Coro, estado Falcón, cuyos pormenores aparecen minuciosamente reseñados en el libro Recuperando el pasado. Su autora es Alberta Zucchi, investigadora emérita jubilada del Laboratorio de Arqueología y Etnohistoria, adscrito al Centro de Antropología, del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC).
Tanto la arqueología como la etnohistoria son ciencias sociales orientadas hacia el estudio de las sociedades humanas a través del tiempo. Mientras la arqueología utiliza los restos materiales vinculados a las artes, monumentos y objetos de la antigüedad, la etnohistoria se especializa en las fuentes históricas asociadas a las costumbres y tradiciones de las culturas.
La obra, impresa recientemente bajo el sello de Ediciones IVIC, sumerge al lector en un mundo de enterramientos, cementerios, edificaciones religiosas, criptas funerarias, disposición de cadáveres y rituales mortuorios practicados en la Venezuela del siglo XVII, cuando se erigió la Iglesia de San Francisco de Coro. En esa época, los cadáveres de los difuntos católicos eran enterrados únicamente dentro de las iglesias y conventos anexos a ellas, por lo que cavar en su interior representaba una oportunidad de oro para obtener información valiosa sobre el sistema de creencias y actos relacionados con la muerte, tomando en cuenta las actitudes hacia la descomposición, el destino de la osamenta y su evolución final.
Esta práctica decayó en 1873 durante el gobierno de Antonio Guzmán Blanco, cuando comenzó el proceso de secularización de la muerte y los asuntos celestiales. Con su política anticlerical surgieron los cementerios públicos, se dictaron reglamentos para las inhumaciones (entierros) y exhumaciones (desentierros), se efectuaron las primeras autopsias, y el Estado asumió el control del registro de los decesos y sepulturas de caridad, funciones que antes recaían sobre las iglesias parroquiales. Pese a las ordenanzas guzmancistas, los sepulcros en las iglesias continuaron hasta el siglo pasado, como lo demuestran algunas lápidas encontradas en la Iglesia de San Francisco de Coro con inscripciones correspondientes al período 1900-1920.
El texto de Zucchi también relata las numerosas construcciones, destrucciones y reconstrucciones sufridas por la Iglesia de San Francisco de Coro desde sus inicios en el año 1613, durante las cuales se arruinaron muchos de sus rasgos originales como consecuencia de fenómenos naturales, ataques piratas, invasiones extranjeras e intervenciones no profesionales. Estas últimas son constantemente denunciadas por la investigadora, en especial las ejecutadas en pleno siglo XX (1987 y 1994) cuando en el país ya existían organismos protectores de los bienes patrimoniales, quienes “debieron asegurar que los trabajos se llevaran a cabo siguiendo las más estrictas normas técnicas, con el máximo respeto hacia los restos humanos y evitando la destrucción de otras evidencias culturales”, como sentencia Zucchi en su manuscrito.
Todo el material arqueológico recuperado tras las perforaciones fueron estudiados en el IVIC y depositados posteriormente en el actual Museo ArquidiocesanoMons. Lucas Guillermo Castillo”, sede del antiguo Convento Nuestra Señora de la Salceda de Coro, edificio anexo a la Iglesia de San Francisco. Los entierros fueron removidos temporalmente y reubicados en su lugar de origen a fin de evitar perturbaciones de índole mayor.
Una novedad adicional del libro es el anexo “San Francisco y su realidad actual”, preparado por el arquitecto Sorocaima Romero como una invitación al trabajo mancomunado y un llamado de atención a los encargados de preservar los bienes culturales de la Nación. El informe señala que la Iglesia de San Francisco de Coro fue una de las razones por las cuales la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) decretó a la capital falconiana como patrimonio mundial de la humanidad, en 1993.
Este apartado no se limita a explicar el estado actual de la iglesia al momento de las excavaciones (acompañado por fotografías y planos), sino que además propone un conjunto de recomendaciones para la reparación de las fallas de hundimiento, agrietamientos y desplazamiento horizontal de la estructura. “De allí la imperiosa necesidad de que no solamente se evalúen, estudien y resuelvan los múltiples problemas que la afectan, sino también los de otros monumentos que están diseminados a lo largo y ancho del estado Falcón” afirma Sorocaima en el libro.

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