domingo, 11 de enero de 2015

Mitos de origen, arte rupestre, petroglifos de Lobatera Táchira

Fig. 6 Estado actual del petroglifo La Piedra del Indio, Lobatera, Estado Táchira, Venezuela (Foto: Samir Sánchez, 2014).
Fig. 7 Detalle del estado actual de la superficie con los glifos. La Piedra del Indio, Lobatera, Estado Táchira, Venezuela (Foto: Samir Sánchez, 2014).
Fig. 8 Estado actual de la totalidad de la superficie con los glifos. La Piedra del Indio, Lobatera, Estado Táchira, Venezuela (Foto: Samir Sánchez, 2014).
Fig. 1.1 El sabio o hechicero de la aldea, detalle parcial de la probable figura del mohán o faraute (chamán o hechicero) la cual fue grabada en el petroglifo la Piedra del Indio (Lobatera) en épocas precolombinas y cuya posición en la roca (rodeada por figuras y formas geométricas, especialmentre en su sección superior) pudo representar el estado de trance y de visiones sobrenaturales que tuvo el mohán, en ese momento. Por este motivo, se plantea la hipótesis de encontrarnos frente a un programa iconográfico en el cual se quiso representar, y probablemente con un objetivo didáctico-ritual, el estado de trance del hechicero y de sus visiones, denominándose por ello, al programa iconográfico presente en la Piedra del Indio como: el sueño del Hechicero.
Fig. 2. Petroglifo La Piedra del Indio, Lobatera, Estado Táchira, Venezuela (Foto: Estudiante UNET, 2005)
Fig. 3. Detalle de la forma triangular, identificado como El trisquel de Lobatera, representado -probablemente- a través de la unión tangencial de tres formas concéntricas-. Sección superior izquierda (derecha del observador) de la Piedra del Indio.
Fig. 9 Santiago Xavier y La Piedra del Indio. Casi treinta siglos separan estas dos figuras. De una parte, la monolítica mole rocosa con hendiduras que señalan su cretácico origen y el patrimonio cosmogónico de los primeros hombres americanos.
Por otra, un infante del siglo XXI inmerso en una realidad física y espiritual marcada por la incertidumbre y la deshumanización, especie de maquinaria kafkiana en la cual está atrapada y sumergida la sociedad en el cual le tocó vivir.
Entre estas dos realidades, se da una discontinuidad o interrupción temporal y cultural. Sólo los ata la continuidad de la vida, en todas sus formas, sobre la misma tierra (Foto: Samir Sánchez, 31 de enero de 2014).
Fig. 5 La Piedra del Indio (Lobatera). Estado del petroglifo para 1954. Se observan los glifos remarcados con pintura industrial blanca, técnica descartada y no sugerida por los investigadores y arqueólogos actuales (Foto: Dr. Clemente E. Acosta Sierra, 1954).
Figura 1. Plano topográfico del valle de Lobatera y área arqueológica de los petroglifos La Piedra del Indio (ubicación en rojo) y la Piedra del Coconito (ubicación en verde). Dirección de Catografía Nacional, Plano 5739-Táchira, Caracas, 1977 (reproducción con fines docentes).
Fig. 4. Dibujo con aproximación a parte de los glifos que se encuentran en la superficie de la Piedra del Indio (Lobatera).
SUJO VOLSKY, Jeannine. (1975) "El Estudio Del Arte Rupestre en Venezuela" en Revista Montalbán. Nº 4. UCAB. Caracas, p. 252.
Fuente: http://bitacorasamisan.blogspot.com/2012/06/patrimonio-cultural-de.html 20 junio 2012
Leyenda de la Reina Hechicera de los Lobateras
Fundada por los españoles la Villa de San Cristóbal, los conquistadores iniciaron una marcha hacia los territorios del noroeste del Táchira. Allí se encontraba el valle donde moraba la tribu de los Lobateras. 
Luego de una obstinada resistencia, liderizada por una mítica reina indígena cuyo nombre se perdió en la noche de los tiempos, los Lobateras abandonaron sus tierras y hogares y se retiraron a las selvas y ríos que se encontraban entre los cerros de Mucujún y el Morrachón, entre el río Lobaterita y el río Guaramito.
Es fama entre los campesinos de la región que esta mítica reina todavía habita esas selvas, convertida en poderosa hechicera que desata formidables tempestades cuando alguno o algunos cazadores invaden sus dominios en persecución de jaguares, pumas y osos que polulan en esas selvas.
Esa es tierra sin caminos, sólo los transitados por las fieras, es comarca desconocida que la fantástica reina y hechicera indígena, domina y defiende desde tiempos inmemoriales entre truenos y relámpagos.
Versión recogida por J. B. Calderón, Ex cónsul ad-honorem de la República de Colombia en San Juan de Colón, en marzo de 1927. Estuvo radicado en esa ciudad desde 1888.
Los Lobateras y su valle. Dibujo en lápiz, según la técnica a mano alzada, elaborado por el Dr. Clemente E. Acosta Sierra para la portada de su libro Distrito Lobatera. Estudio Geográfico y Social de la Zona, en 1954. En 1974, la figura del aborigen, como símbolo de los más remotos orígenes de Lobatera, fue llevada a uno de los cuarteles del Escudo de Armas del Municipio Lobatera (Foto: Samir Sánchez, 2010).
Lobatera, una cultura milenaria
En el ancestral origen de los tiempos, los primeros pobladores de la región de Lobatera (Estado Táchira) dejaron indicios de sus creencias sagradas y de sus formas de relacionarse con la naturaleza y con lo profano, al tallar en las rocas figuras abstractas que actualmente encierran un carácter enigmático. Las mismas guardan parte del legado cultural de estos antiguos pueblos de América que, junto a la ya olvidada tradición oral, transmitieron sus pensamientos así como la milenaria sabiduría aborigen sobre la creación de la tierra, los fenómenos naturales y el orden jerárquico de convivencia, temas que rigieron su mundo y la interacción con sus semejantes.
Ancient Lobatera, a timeless culture
The ancestral origins of time for the first native inhabitants of Lobatera (Táchira State) with their belief systems and way of natural living, is carved in glyphs over rocks that -to present day- enclosing an enigmatic sense. These petroglyphs are part of the Heritage transmitted from these indigenous American peoples. They and its forgotten oral tradition, tell us about the knowledge and old wisdom about the creation, the natural phenomena and the hierarchical order of coexistence which ruled its world and social life.

Orígenes perdidos en la noche de los tiempos
Textos: Prof. Samir A. Sánchez
Mediciones: Prof. Gerson Berríos (trabajo de campo, 11 de agosto de 1988)
 Las prospecciones realizadas por el Departamento de Antropología de la Gobernación del Estado Táchira, dirigidas desde 1976 por la Dra. Reina Durán Lara, han permitido identificar una cadena de petroglifos que se extienden por la cordillera andina tachirense, comprendiendo los  municipios Lobatera, Ayacucho, Michelena, Seboruco y Jáuregui. 

Los primigenios artistas de la época aborigen dejaron en rocas una estela de míticos lugares, en cuyas superficies  las figuras abstractas de lo que -probablemente- consideraban sagrado, quedaron como evidencias mudas de sus creencias, de sus vivencias y de su forma de relacionarse con el mundo natural, el de lo profano o de lo cotidiano.
En este contexto arqueológico, antropológico y artístico, se ubica el petroglifo denominado "La Piedra del Indio", en el Municipio Lobatrera. La mayor roca con una diversidad de figuras y signos por lo general ininteligigles, grabados en su superficie, que se conserva en el Estado Táchira.
El continuum de la naturaleza (con su diaria acción de meteorización y lixiviación de óxidos, éstos últimos producto de los repintes de los cuales ha sido objeto) así como la degradante e irracional intervención humana (mnemocidio patrimonial), están haciendo que esas figuras y señales se pierdan para siempre.
 De la obstinada presencia de estos testigos pétreos, única huella de la raza primigenia de los Lobateras, los milenarios hijos del sol y de la bruma, resulta el texto descriptivo que se expone a continuación.
La Piedra del Indio (Lobatera - Estado Táchira)

Estudio descriptivo
El primer poblamiento de las tierras del Municipio Lobatera se puede aproximar entre el 5.000 a.C a 1.000 d.C. (Período Meso-Indio y Neo-Indio).
Los primeros grupos humanos o avanzadas aborígenes, ocuparon las tierras altas o montañosas del Municipio y pertenecían probablemente a grupos de filiación andina (probablemente protochibchas). La última oleada de pueblos aborígenes correspondió a grupos humanos de filiación lacustre (probablemente caribes), provenientes de sur del Lago de Maracaibo, quienes ocuparon los valles y las tierras bajas del Municipio Lobatera.
De está última oleada, se corresponde  la posible máxima datación de los petroglifos del valle de Lobatera (caseríos El Coconito y Zaragoza, de la aldea Zaragoza). Estos grupos humanos, que al momento de la conquista se denominaban Lobateras, desaparecieron poco después de 1642 cuando fallecen los dos últimos aborígenes de esta tribu, ambos llamados Francisco y de apellido Lobatera, que se encontraban en el pueblo de Resguardo de Guásimos (actual Palmira).

Así, la Piedra del Indio, único relictus del pasado de los aborígenes Lobateras, resulta el petroglifo más monumental y emblemático del Municipio Lobatera. Se encuentra a una orilla de la Carretera Nacional o Troncal Nº 1 (Panamericana), en el punto de intersección del ramal estadal Nº 25 (carretera Lobatera - Borotá), en la aldea Zaragoza, en las proximidades de la población de Lobatera.
De forma irregular, la cara frontal, donde se encuentran las figuras tiene una altura de 4,55 m por 4,47 m de ancho. Su profundidad, al medir su cara norte es de 5,72 m. La superficie con los grabados (cara oeste) presenta una inclinación o declive cercano a los 65° (aproximadamente).
La distribución de los grabados es asimétrica y espaciada (existe cierta separación entre las figuras). De un total de veintisiete grabados, once pertenecen a formas humanas, seis a formas ofídicas y las demás a gráficos y trazados geométricos.
El sueño del Hechicero
Del análisis de las figuras realizado por el Prof. Samir A. Sánchez, director-editor de Proyecto ExpArt, se tiene -con respecto a las representaciones con características humanas- que las mismas no presentan un mismo patrón de dibujo. Cuatro de ellas -en la sección superior- están alineadas, muy esquematizadas y una -en la sección inferior- destaca por su precisión gráfica en una definida posición de cuclillas y con los brazos alzados. Posición ésta que identificaría la figura con el mohán o faraute (chamán o hechicero), o «el sabio de la aldea», descrito en las crónicas españolas del siglo XVI. 

Así, el cuerpo doblado, de suerte que las asentaderas se acerquen al suelo o descansen en los calcañares y las manos levantadas, es la más primitiva representación -sobre el plano bidimensional de las rocas o piedras- del estado de trance inducido en el cual un médium -el mohan o faraute (chamán o hechicero) manifiesta observar fenómenos paranormales o sobrenaturales con el objetivo de curar enfermedades espirituales y del cuerpo, predecir el futuro o predecir el estado del tiempo para las siembras y cosechas.
A partir del descifrado de una de de estas formas o glifos y su ubicación con respecto a las demas figuras, así como partiendo de la imposibilidad de conocer los motivos que tuvo el autor o autores en cuanto si las formas en el petroglifo debían responder a un cometido ritual, conmemorativo, indicativo o si el mismo petroglifo tenía un carácter totémico, se puede conjeturar una interpretación del significado de todas las figuras en conjunto (los esquemas geométrico -círculos y espirales- y los figurativos (representaciones humanas), a partir de su posición en torno al glifo del mohán o sabio de la aldea (chamán o hechicero).
La posición de esta figura y formas -y de todos los glifos que la rodean- pudieron estar organizados a su vez en un programa iconográfico mayor o intencionalidad pictórica o gráfica dada por su autor, en cuanto representar el sueño o estado de trance del mohán o hechicero y las visiones que le rondaban en ese momento: espectrales formas humanas de alargada figura -con probabilidad relacionadas con sus antepasados- espíritus superiores en formas humanas estilizadas que compartían igual poder, espíritus de la naturaleza como la  representación de la lluvia, animales fantásticos y serpientes sagradas enrolladas.
Por ello, al conjunto de figuras y formas presentes en el petroglifo conocido como la Piedra del Indio, se le puede identificar o denominar partiendo de lo que -hipotéticamente- quiso transmitir y probablemente de forma didáctico-ritual- como: el sueño del Hechicero.
En cuanto a las demás formas de los rostros superiores, y más estilizados, los mismos resultan cuadrangulares, con cierta evocación a la forma utilizada por la cultura Maya para representar el rostro. Las demás figuras antropomorfas son similares a la del arte rupestre Arawak-caribe que tuvo sus inicios en las islas de las Antillas. Las formas circulares concéntricas -como representación de la serpiente- se repiten seis veces, la mayor parte en la forma de espiral y una sola en forma de trisquel.
Así, estos símbolos tienden a ser similares con los restantes petroglifos de la región y con el de las culturas agrícolas del continente americano, que expresaron, tal vez, un pensamiento mágico-religioso proveniente de una mitología común.
El nivel de clasificación de la cultura que realizó los grabados en la piedra, viene dado por la técnica y el estilo de los mismos. En el arte rupestre de las culturas americanas medias o formativas, los trazos sobre la piedra son generalmente más firmes, más hondo y ancho y, por ende, el dibujo más perfecto que en las culturas inferiores. A los aborígenes Lobateras, según la clasificación anterior, en términos antropológicos se les puede denominar como de cultura media.
Su arte en el trazado de figuras petroglíficas es firme y ancho, llegando a alcanzar hasta los 5 cm. Por su ubicación, el sitio pudo ser un escenario de rituales, una piedra para las ofrendas y sacrificios (si se daban en la tribu), ya que esta es la impresión que se recibe al observar la cara superior de la roca la cual es completamente plana.  
Piedra del Coconito, en terrenos del Sr. Carlos Alviárez Sarmiento (El Coconito, Lobatera)
Las figuras, que representan la escena de un parto aborigen, fueron grabadas en la superficie de la punta de una roca, cuyo mayor volumen se encuentra bajo tierra.
Fig. 5 Piedra del Coconito, Lobatera, Estado Táchira, Venezuela (Foto: Carlos Alviárez Sarmiento, 2000)
Fuente: Sigrid Márquez, 2013
Patrimonio cultural del Municipio Lobatera y Bien de interés cultural de Venezuela
 Estos petroglifos fueron declarados Patrimonio Cultural del Municipio Lobatera, por decreto de la Alcaldesa Abog. Natalia Chacón Padrón (Gaceta Municipal, N° 141 de fecha 3 de marzo de 2006). Asimismo, fueron declarados como Bien de Interés Cultural de la Nación al ser incorporados al Catálogo del Patrimonio Cultural Venezolano 2004-2010, en concordancia con lo dispuesto en la Declaratoria Nº 003-2005, del Ministerio de la Cultura, Consejo Nacional de la Cultura, Instituto del Patrimonio Cultural, de fecha 20 de febrero de 2005, publicada en la Gaceta Oficial Nº 38.234, de fecha 22 de febrero de 2005.
Bibliografía
Dirección Nacional de Cartografía, Plano topográfico 5739-Táchira, Caracas, 1977; DELGADO, Lelia, "Arte rupestre, apuntes de una oralidad perdida" en Revista Bigott, Nº 23, julio-agfosto-septiembre de 1992, Caracas, 1992, pp. 29-37; SÁNCHEZ E., Samir, Lobatera, tiempos históricos de una tierra de pioneros, Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses, No. 108, Caracas, 1993; SUJO VOLSKY, Jeannine "El Estudio Del Arte Rupestre en Venezuela" en Revista Montalbán. Nº 4. UCAB. Caracas, 1975, p. 252. 
Acerca del autor
Samir A. Sánchez es profesor de Historia del Arte y Métodos de Investigación en la Universidad Católica del Táchira (San Cristóbal - Venezuela). Es autor, entre otras publicaciones, de San Cristóbal Urbs quadrata (2003) y Mors Memoriæ o la Extinción de la memoria (2011)

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